Pero cuando mis dedos no desean nada mas que tu calor, tu humedad. Y mi lengua sueña con la tuya, y mis labios con abrazar tus labios, todos tus labios. En ese instante en que casi toda mi sangre se junta, para formar una flecha que te apunte a ti, solo a ti, y en el cerebro me queda la justa para recordar que es ahora o nunca. Cuando te veo, y te miro de Esa forma, y me doy cuenta de que no estamos solos, de que él está allí y también te mira de ese modo, de que tu estás a punto de decidirte entre uno de los dos para que sea el dueño de la noche, de tu noche.
Entonces si entiendo la guerra, y esta vez, no pienso perderla.
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