miércoles, 25 de julio de 2012

Puede

Iba a escribir algo sobre el amor, como siempre. Pero al ver el hueco vacío me he quedado en blanco, se me ha olvidado todo lo que quería poner. Lo típico. La fobia del escritor al folio en blanco, pero sin escritor ni folio. Lo de siempre (un bourbon, por favor).
Me toca irme por la puerta de atrás, ese cliché tan usado.
Y es que puede que el amor esté ya tan usado que no tenga novedades, siempre igual, lo de siempre, lo típico. Y que la magia que buscamos, que nos sorprende y que nos enamora... ya no sea amor.

viernes, 16 de marzo de 2012

La Polla.

Este blog es cosa de dos, quiero decir que como todo lo que se hace entre dos, primero une y después separa. No quiero ser dramático, pero es así. Es cierto, al principio todo son ideas felicitaciones y amor mutuo, pero luego aparecéis vosotros, mi querida panda de hijas e hijos de puta que de vez en cuando leen este blog y lo jodéis todo. Y es lo mejor, sois los mejores. Sois lo que hacéis que esa mierda de cursi relación entre autores que teníamos se convierta en una batalla de visitas a las entradas, de calidad escribiendo.Y a mi lo que mas me gusta de todo esto es  que sabemos que nuestros piques son estúpidos, nunca  reconoceremos del otro una victoria, nunca nos diremos el uno al otro lo bien que lo hacemos. Y no es por orgullo, que también, es porque lo pensamos de verdad, lo sentimos de verdad. Y de verdad, como lo pienso y lo siento os lo digo, somos la polla.(Yo un poco más).

miércoles, 29 de febrero de 2012

Carmín

Pagando el último taxi, con billetes enrollados, bebiéndo la hoja de ruta hasta tu portal. Como un animal que se deja llevar por el instinto y que sólo ve distinto el trabajo y la diversión. Sintiendo la emoción de tu carmín tras la oreja, el tacto de esa mano, amiga vieja, bajo el pantalón que para escurrir el bulto, aprieta, como cuando no pagué la droga y me mandaron un matón. El portero sonreía burlón, ahora se hace pajas con tus gritos y esas revistas baratas de chicas nudistas que esconde en cajas de latón soñando que algún día una mujer le descubra, discutan y acaben como tú y yo.
   - ¿Cuánto tiempo? - te digo
   - Seis semanas. - mierda, eso es un montón.
   - ¿Y tú quieres? - insisto con cara de susto, sospechando, sin querer saber si es verdad.
   - Sí. - no hay "eses" que duelan más en los oídos que esas suplicantes que escondes en tus síes.
   - Mierda. - me levanto y me voy.

No hay sonrisas del portero, ni taxista maricón. Quizá se oye un tintineo de cajas de latón. Hoy me siento cruel, me siento un cabrón. Y el Seat rojo de la acera de enfrente me susurra "infiel".
Los timbres me miran acusadores a las tres de la mañana y yo ya no se quién soy, o sea que llamo y pregunto:
   - ¿Quién soy?
   - ¡Cabrón! - el del 3º
   - ¡Borracho! - la fea del 4º. Lo mio se me pasa mañana, puta.
   - ¡Hideputa! - vaya, éste es nuevo. O vieja, más bien, hay insultos bien puestos que duelen. Éste no es uno de ellos. La cincuentona del entresuelo.

La vi mudarse aquí el otro día, era de éstas mujeres fachas que no llevan el pelo corto, usan abrigo de piel y no tengo ni puta idea de qué hace en el edificio. Una vieja gloria, aún le queda vida.
Mi novia está embarazada siete pisos por encima y me quedan 3 condones en la cartea o sea que vuelvo a entrar, le cojo una cerveza al portero y llamo al timbre de la señora Cospedal. Abre ella, en camisón, le descorcho la botella en el escote y suelta un gritito, el primero de la noche. Nunca había sospechado lo que un camisón mojado transparenta, ni había llegado a pensar que 45 años fuesen tan pocos. Al menos diez hombres subidos a sus cruces en paños menores miran como me uniformo a su estilo y otras tantas vírgenes prestan atención a la maravilla que es su dueña, tras perder su hábito con olor a cerveza, dando fe de que no es como ellas sobre un cama llena de bordados que no se podrá volver a usar. Qué sorpresa, le echaba 45, tiene 48 y cualquier ciego que se la follase pensaría que tiene 28 mal llevados.

Salgo por fin a la calle con la cartera vacía y las 7 en el reloj. La ventana del séptimo se llena de lágrimas y mi estómago de repulsión.
Llamo al Carlos, que por una extraña amabilidad del destino sólo me hace esperar diez minutos en vez de la hora y media que mi cajetilla de Lucky se temía.
Me deja en casa, le pellizco la oreja como pago, que me parece poco para lo que suele pedir y me quedo mirando su Ibiza rojo dando la vuelta a la esquina. Le va a durar el coche dos días. Es retrasado, lo ha comprado rojo carmín. Como la mancha que me ha quedado en la mano.
Será puta.
Ni está embarazada ni lloraba por mi. Lo hacía por él. Y hacía bien. El Ibiza va a durar más que él.




-Entrada con el permiso de Alfredo González y su canción el último taxi [bueno, en verdad sin su permiso, pero espero que no le moleste]-

martes, 14 de febrero de 2012

"St. You's day" o "es hora de ponerse ñoño"

Porque una semana triste no puede estropear un día así. Y un cartón rojo espero que no signifique ni la mitad de lo que pueda significar un corazón igual de rojo, pero más lleno de ti. De sonrisas con la frente arrugada, labios finos y ojos marrones. De cosas pequeñas que te hacen sonreir. De momentos de vergüenza al mirarte y no saber qué decir, de no atreverme a verte y sonreir.
Promesas cumplidas, si, pero mal cumplidas que tienes necesidad de arreglar al momento con miedo de que cada segundo que pasa sea tarde. Sólo espero poder un día decirte que ni un cartón, ni un libro, ni todos los rollos de papel higiénico del mundo son suficientes para escribirte lo que debo. Ni un avión que echa humo y deja mensajes en el cielo. Ni una alianza de estrellas que se colocan, con ayuda de drogas duras, para hacerte sonreir.
Dicen por ahí que por una sonrisa, un mundo. Ni hablar. Por una sonrisa, arriesgaría la mía. Y mi nariz. Roja como un clavel, como un corazón, como un beso.
Y que me disculpen los que piensen que estas cosas se pueden decir cualquier día del año. Ellos dicen "feliz año nuevo" el 1 de Enero. Yo te lo pienso a diario, dejadme elegir día para concentrar todas esas emociones que llegan cuando aparecen tus sonrisas.
Y por si mi clavel era feo, te voy haciendo un adelanto de mi regalo de San Valentin, que te haré cualquier día del año que pueda. 

martes, 7 de febrero de 2012

Hablemos del tiempo

Me parece que ya va siendo hora de dejarse de amor y empezar a vomitar cosas sobre la política, la justicia y el retraso social adquirido por los españoles en ésta última época. Como de momento sólo me parece, me voy por la tangente y hablo del tiempo, que siempre es la mejor opción, incluso cuando quieres entrarle a la vecina en el ascensor.

"Siempre he querido saber dibujar para poder hacer bocetos de las ideas que me venían a la cabeza. Los paisajes son los que más me gustan, sobre todo con niebla...
-A esta niebla me refiero-
Lo que más me gusta de escribir es tachar lo que he escrito, sentirme un autor famoso y dar un trago al vaso de Bourbon que nunca está sobre mi mesa. Ponerme esa gabardina marrón que no tengo y que pega tan bien con el sombrero que me compraré cuando tenga cuarenta y pico, bajar a pasear a la calle con un cigarro de tabaco cubano, del oeste de la isla que es más barato, y andar hasta que la niebla empape mis huesos ya usados. Esa niebla que tantos poemas de muerte, desamor, desesperanza y vejez ha causado. Esa niebla que se prostituye para Unamuno y vende su cuerpo a novelas que no lo son. Esa niebla que sólo consigue inspirarme más poemas de amor, tachones y recuerdos no tan melancólicos de un pasado que aun no tengo, pero que espero acabar teniendo bajo los tablones de mi cama."

Eso si, ni se os ocurra cambiar el amor por los vómitos, o por la política, o por cualquier otra estupidez que os ofrezcan... bueno, exceptuando las galletas.

martes, 3 de enero de 2012

Christmas carol


let it snow

En el sofá de al lado hay un tio gordo de estos que nada más verlos sabes que merece que los odies de por vida. Intenta hablar por Skype con su madre, pero no lo consigue porque la conexión de wifi del hotel es "una puta mierda", según él, por supuesto. Le hace ruidos extraños al micrófono, quizá esperando que asi el internet se asuste y su querida Mamá le pueda oir. Tiene pinta de ser un cabrón, e intento no morirme de la risa no sea que se de cuenta y me coma, o me use como antena para su portátil. Me pregunto si le cabrán los dedos en las teclas, o si irá pulsando de tres en tres, como cuando intentas escribir con la barbilla. Pero acaba de llegar su hija, ý ella ya no parece tan inepta. Por lo menos la genética le ha hecho más favores que un funcionario corrupto a la tia que le mola. Aun así, tener un padre como ese corta el rollo una burrada, y la sonrisa que devuelve suena a un: "sé que te ries de mi padre, imbécil".
Casi más gélida que el ambiente de este salón.
Hacía mucho que no estaba tanto rato en un sitio tan frio, y eso que he venido a la nieve y se supone que la temperatura aqui no sube mucho... No me salva ni mi adorable jersey de punto; tengo las manos a puntito de cambiar a morado.
La chica de enfrente no se qué mosca le habrá picado, pero lleva más de una hora sonriendole a la pantalla de su ordenador de esa manera tan estúpida y a la vez mona que solemos poner en casa. Pero estamos en un sitio público, joder, un poco de respeto y de pudor, que no todos tenemos tanta suerte. Por ejemplo, ese árbol de navidad que está en la esquina. Es un abeto, rodeado de nieve, pero que sólo la ve a través de un cristal. El pobre, por no tener, no tiene ni luces que se encienden y se apagan... eso si, no le falta el espumillón hortera y las ramas descolocadas, paupérrimas en hojas, que todo árbol de mierda debe tener. Lo único de lo que debe de estar orgulloso son las bolas de navidad. Son blancas lisas, sin dibujitos. Hacía mucho que no veía bolas de navidad que me gustasen (aparte de las de mi casa, obviamente). Me parece que hora y media aquí me vale de sobra, las cosas bonitas de una estación de ski se ven en las pistas, quizá en el pasillo de unos apartamentos; aquí lo único que voy a encontrar son gordos piojosos, quizá alguna niña con la que fantasear, o sonrisas estúpidas dedicadas a un ordenador, en vez de a personas.


domingo, 25 de diciembre de 2011

Un instante sobre el mapa.

La vi pasar haciendo equilibrios sobre dos agujas puntiagudas de 9 cm que hacían a esas piernas tan largas pedir a gritos que treparas por ellas porque de pequeñas les habían contando un cuento sobre un niño que plantaba unas habas, y trepando,  conseguía llegar al cielo. Y permitidme decir que el cielo, si es que existe, estaba sin duda al final de esas piernas.
Inconscientemente mis ojos se pegaron a  su culo. Ella, me los arrancó de golpe cuando se giró y me habló, y me clavó los suyos, húmedos.
Podía haberse dirigido a cualquier otro, había gente más a mano,  pero qué se yo, al fin y al cabo, eran sus manos.
Quizá lo hizo porque le parecí la mejor opción para resolver su duda sobre no se qué de un andén de metro y como encontrar un hotel. Quizá lo hizo porque le parecí la mejor opción para resolver su noche, ya que era uno de esos hoteles en que te ponen la cama y así te la apañes.
La  desnude en mi cabeza mientras ella seguía hablando de que coger un taxi iba a ser lo mejor, pero  que nunca se sabe. Imagine como se serían y donde estarían las perfectas imperfecciones de su piel, y  esos labios carmín cuando  se callaban de una puta vez y pasaban a la acción. Pensé en ese pelo, suelto sobre la cama, liberado de ese recogido sacado de un anuncio de TV de otra colonia francesa de esas que te ponen el mundo a los pies, o eso dicen. Ella comento algo de dar un rodeo, que se tarda más pero es más seguro porque a esas horas quien sabe quién habrá por ahí. Yo en cambio pensé, en ser yo quien la rodera con mis brazos y no la soltara nunca, o por lo menos no hasta mañana. Terminó su retahíla de gilipolleces, se quedo mirándome inquisitiva, esperando una respuesta y sonrió juguetona cuando sus ojos se dieron cuenta de que los míos examinaban ahora sus pies, más allá de sus sandalias. Creo que pensó que la miraba las tetas, en cualquier caso, supo que la miraba, y eso es lo que cuenta
Lo siento, no soy de aquí. Contesté intentando mantener mi voz lo más firme posible. Y es que los hombres solo podemos tener una cosa firme al mismo tiempo, y esta vez la voz tenía todas las de perder.
Aquella noche, lo hicimos en la alfombra.