domingo, 6 de enero de 2013

No se dice "curasán". Ni "cruasán". Gracias.

Hace día y medio (o quizá más, meses, no sé) me di cuenta de el amor incondicional que creía que sentía por esa persona especial, que todos tenemos ahí guardadita, como en una caja de galletas, por la que hemos hecho más de una locura, que hay tantísimas cosas que te hacen recordar, no era amor. Sí. Me di cuenta de que ese amor no era amor. Que volvía a ser lo de siempre*, pero más fuerte, quizá por lo especial de este caso. Y claro, me llevé una desilusión. Le pedí a un escritor que conozco que me escribiese un cuento desmintiendo el amor, tuve una crisis existencial... y cuando ya estaba de camino a comprar una pistola pensé "Matar gente no está bien". Y me di media vuelta. Sí, de vuelta a casa, con las manos en los bolsillos, porque hacía frío (aquí es invierno). Paré a comprarme un croissant y volví a pensar "No. No está nada bien. Y por mucho que le pese a alguno, yo también soy gente". Y según salía pensé en el chocolate que me haría al llegar a casa para untar el croissant. Por lo que volví a entrar a por otro con la convicción de que si sólo tenía uno, me lo acabaría por el camino.
El chocolate a la taza de algunas marcas españolas no está mal, pero si de verdad quieres untar un croissant en chocolate y que se te pasen las penas, hazlo con chocolate venezolano. Intenta que Chávez no haya intervenido mucho en él, por si te vuelves socialista (y ya sabemos todos que eso está muy mal. Aquí las cosas privadas que si no es un follón, ¿verdad? ¿EH?) o te de por empezar a hablar y acabes mintiendo a toda tu comunidad de vecinos y ellos acaben creyéndote.
Al final, llegué a casa y vi que no tenía chocolate, de ningún tipo, ni siquiera de ese de lacasitos, tan gracioso y tan malo. Por suerte me había comido los dos croissants por el camino.





*eufemismo monocromático que usa el autor para nombrar algo que no tiene ni puta idea de lo que es.

martes, 27 de noviembre de 2012

Volver. Otra vez.

Últimamente me ha dado por volver a ser yo, que parece que había dejado de serlo, si es que eso es posible.


- Está muy de moda decir que la gente no es como es. Me explico; hablamos de personas que "no son ellos mismos" para referirnos a que su personalidad es un plagio de otra cosa, que son unos falsos, dando por supuesto que para ser personas verdaderas (o no falsas) deberían ser completamente diferentes a cualquier modelo de personalidad que se nos haya puesto alguna vez delante de las narices. Como si nuestra nariz fuese un jurado experto que determina qué es original y qué no. -
Los playmobil eran todos iguales y no por ello dejaron de ser geniales, con sus pequeños detalles.



Claro, al volver a ser yo me ha asaltado la duda de cómo era yo. O de cómo soy yo, que es casi lo mismo. Me he dado cuenta de que no tengo ni puta idea, lo cual te deja en un estado de bastante shock, porque es como querer cambiar la página que has elegido en los libros estos guays en los que hay diferentes historias según decidas tú pero habiendo olvidado la página de la que venías. O te vuelves a leer el libro, que no, o tiras p'alante a ver si se vuelven a cruzar los caminos (que tampoco suelen).
Y eso, que ahí me encuentro yo, intentando acordarme de en qué página estaba para poder cambiar de historia y escoger como un buen gilipollas el camino malo, que si no esto no tiene emoción.



sábado, 8 de septiembre de 2012

Lie or Die

-No sé qué hacer. Tengo un problema.
-...
-¿Sabes quién es ella?
-Si.
-Estoy enamorado.

Chute de aerosol. Un cigarrillo. Otro. No se la ve la cara, todo ese pelo rubio se lo tapa y la poca luz tampoco hace demasiados favores. Se lo aparto, sabiendo qué voy a ver. Se lo aparto, con miedo de lo que voy a ver.
Brillan mientras bajan por la mejilla, haciendo que se corra el rimmel. Quizá es lo que deberíamos estar haciendo nosotros. Pero no, se nos ocurrió la brillante idea de ser sinceros.

Las lágrimas nunca se llevaron bien con las papelas y los siguientes dos cigarros se los tengo que liar yo. ¿Qué se siente cuando el que te acaba de matar intenta resucitarte? Nunca me atreveré a preguntárselo, supongo, pero yo me estoy muriendo con ella. Es triste acabar con lágrimas, o ganas de llorar y que el beso de despedida sea un cigarro medianamente bien liado.

Al fin y al cabo, las despedidas siempre han sido tristes.

miércoles, 25 de julio de 2012

Puede

Iba a escribir algo sobre el amor, como siempre. Pero al ver el hueco vacío me he quedado en blanco, se me ha olvidado todo lo que quería poner. Lo típico. La fobia del escritor al folio en blanco, pero sin escritor ni folio. Lo de siempre (un bourbon, por favor).
Me toca irme por la puerta de atrás, ese cliché tan usado.
Y es que puede que el amor esté ya tan usado que no tenga novedades, siempre igual, lo de siempre, lo típico. Y que la magia que buscamos, que nos sorprende y que nos enamora... ya no sea amor.

viernes, 16 de marzo de 2012

La Polla.

Este blog es cosa de dos, quiero decir que como todo lo que se hace entre dos, primero une y después separa. No quiero ser dramático, pero es así. Es cierto, al principio todo son ideas felicitaciones y amor mutuo, pero luego aparecéis vosotros, mi querida panda de hijas e hijos de puta que de vez en cuando leen este blog y lo jodéis todo. Y es lo mejor, sois los mejores. Sois lo que hacéis que esa mierda de cursi relación entre autores que teníamos se convierta en una batalla de visitas a las entradas, de calidad escribiendo.Y a mi lo que mas me gusta de todo esto es  que sabemos que nuestros piques son estúpidos, nunca  reconoceremos del otro una victoria, nunca nos diremos el uno al otro lo bien que lo hacemos. Y no es por orgullo, que también, es porque lo pensamos de verdad, lo sentimos de verdad. Y de verdad, como lo pienso y lo siento os lo digo, somos la polla.(Yo un poco más).

miércoles, 29 de febrero de 2012

Carmín

Pagando el último taxi, con billetes enrollados, bebiéndo la hoja de ruta hasta tu portal. Como un animal que se deja llevar por el instinto y que sólo ve distinto el trabajo y la diversión. Sintiendo la emoción de tu carmín tras la oreja, el tacto de esa mano, amiga vieja, bajo el pantalón que para escurrir el bulto, aprieta, como cuando no pagué la droga y me mandaron un matón. El portero sonreía burlón, ahora se hace pajas con tus gritos y esas revistas baratas de chicas nudistas que esconde en cajas de latón soñando que algún día una mujer le descubra, discutan y acaben como tú y yo.
   - ¿Cuánto tiempo? - te digo
   - Seis semanas. - mierda, eso es un montón.
   - ¿Y tú quieres? - insisto con cara de susto, sospechando, sin querer saber si es verdad.
   - Sí. - no hay "eses" que duelan más en los oídos que esas suplicantes que escondes en tus síes.
   - Mierda. - me levanto y me voy.

No hay sonrisas del portero, ni taxista maricón. Quizá se oye un tintineo de cajas de latón. Hoy me siento cruel, me siento un cabrón. Y el Seat rojo de la acera de enfrente me susurra "infiel".
Los timbres me miran acusadores a las tres de la mañana y yo ya no se quién soy, o sea que llamo y pregunto:
   - ¿Quién soy?
   - ¡Cabrón! - el del 3º
   - ¡Borracho! - la fea del 4º. Lo mio se me pasa mañana, puta.
   - ¡Hideputa! - vaya, éste es nuevo. O vieja, más bien, hay insultos bien puestos que duelen. Éste no es uno de ellos. La cincuentona del entresuelo.

La vi mudarse aquí el otro día, era de éstas mujeres fachas que no llevan el pelo corto, usan abrigo de piel y no tengo ni puta idea de qué hace en el edificio. Una vieja gloria, aún le queda vida.
Mi novia está embarazada siete pisos por encima y me quedan 3 condones en la cartea o sea que vuelvo a entrar, le cojo una cerveza al portero y llamo al timbre de la señora Cospedal. Abre ella, en camisón, le descorcho la botella en el escote y suelta un gritito, el primero de la noche. Nunca había sospechado lo que un camisón mojado transparenta, ni había llegado a pensar que 45 años fuesen tan pocos. Al menos diez hombres subidos a sus cruces en paños menores miran como me uniformo a su estilo y otras tantas vírgenes prestan atención a la maravilla que es su dueña, tras perder su hábito con olor a cerveza, dando fe de que no es como ellas sobre un cama llena de bordados que no se podrá volver a usar. Qué sorpresa, le echaba 45, tiene 48 y cualquier ciego que se la follase pensaría que tiene 28 mal llevados.

Salgo por fin a la calle con la cartera vacía y las 7 en el reloj. La ventana del séptimo se llena de lágrimas y mi estómago de repulsión.
Llamo al Carlos, que por una extraña amabilidad del destino sólo me hace esperar diez minutos en vez de la hora y media que mi cajetilla de Lucky se temía.
Me deja en casa, le pellizco la oreja como pago, que me parece poco para lo que suele pedir y me quedo mirando su Ibiza rojo dando la vuelta a la esquina. Le va a durar el coche dos días. Es retrasado, lo ha comprado rojo carmín. Como la mancha que me ha quedado en la mano.
Será puta.
Ni está embarazada ni lloraba por mi. Lo hacía por él. Y hacía bien. El Ibiza va a durar más que él.




-Entrada con el permiso de Alfredo González y su canción el último taxi [bueno, en verdad sin su permiso, pero espero que no le moleste]-

martes, 14 de febrero de 2012

"St. You's day" o "es hora de ponerse ñoño"

Porque una semana triste no puede estropear un día así. Y un cartón rojo espero que no signifique ni la mitad de lo que pueda significar un corazón igual de rojo, pero más lleno de ti. De sonrisas con la frente arrugada, labios finos y ojos marrones. De cosas pequeñas que te hacen sonreir. De momentos de vergüenza al mirarte y no saber qué decir, de no atreverme a verte y sonreir.
Promesas cumplidas, si, pero mal cumplidas que tienes necesidad de arreglar al momento con miedo de que cada segundo que pasa sea tarde. Sólo espero poder un día decirte que ni un cartón, ni un libro, ni todos los rollos de papel higiénico del mundo son suficientes para escribirte lo que debo. Ni un avión que echa humo y deja mensajes en el cielo. Ni una alianza de estrellas que se colocan, con ayuda de drogas duras, para hacerte sonreir.
Dicen por ahí que por una sonrisa, un mundo. Ni hablar. Por una sonrisa, arriesgaría la mía. Y mi nariz. Roja como un clavel, como un corazón, como un beso.
Y que me disculpen los que piensen que estas cosas se pueden decir cualquier día del año. Ellos dicen "feliz año nuevo" el 1 de Enero. Yo te lo pienso a diario, dejadme elegir día para concentrar todas esas emociones que llegan cuando aparecen tus sonrisas.
Y por si mi clavel era feo, te voy haciendo un adelanto de mi regalo de San Valentin, que te haré cualquier día del año que pueda. 

martes, 7 de febrero de 2012

Hablemos del tiempo

Me parece que ya va siendo hora de dejarse de amor y empezar a vomitar cosas sobre la política, la justicia y el retraso social adquirido por los españoles en ésta última época. Como de momento sólo me parece, me voy por la tangente y hablo del tiempo, que siempre es la mejor opción, incluso cuando quieres entrarle a la vecina en el ascensor.

"Siempre he querido saber dibujar para poder hacer bocetos de las ideas que me venían a la cabeza. Los paisajes son los que más me gustan, sobre todo con niebla...
-A esta niebla me refiero-
Lo que más me gusta de escribir es tachar lo que he escrito, sentirme un autor famoso y dar un trago al vaso de Bourbon que nunca está sobre mi mesa. Ponerme esa gabardina marrón que no tengo y que pega tan bien con el sombrero que me compraré cuando tenga cuarenta y pico, bajar a pasear a la calle con un cigarro de tabaco cubano, del oeste de la isla que es más barato, y andar hasta que la niebla empape mis huesos ya usados. Esa niebla que tantos poemas de muerte, desamor, desesperanza y vejez ha causado. Esa niebla que se prostituye para Unamuno y vende su cuerpo a novelas que no lo son. Esa niebla que sólo consigue inspirarme más poemas de amor, tachones y recuerdos no tan melancólicos de un pasado que aun no tengo, pero que espero acabar teniendo bajo los tablones de mi cama."

Eso si, ni se os ocurra cambiar el amor por los vómitos, o por la política, o por cualquier otra estupidez que os ofrezcan... bueno, exceptuando las galletas.

martes, 3 de enero de 2012

Christmas carol


let it snow

En el sofá de al lado hay un tio gordo de estos que nada más verlos sabes que merece que los odies de por vida. Intenta hablar por Skype con su madre, pero no lo consigue porque la conexión de wifi del hotel es "una puta mierda", según él, por supuesto. Le hace ruidos extraños al micrófono, quizá esperando que asi el internet se asuste y su querida Mamá le pueda oir. Tiene pinta de ser un cabrón, e intento no morirme de la risa no sea que se de cuenta y me coma, o me use como antena para su portátil. Me pregunto si le cabrán los dedos en las teclas, o si irá pulsando de tres en tres, como cuando intentas escribir con la barbilla. Pero acaba de llegar su hija, ý ella ya no parece tan inepta. Por lo menos la genética le ha hecho más favores que un funcionario corrupto a la tia que le mola. Aun así, tener un padre como ese corta el rollo una burrada, y la sonrisa que devuelve suena a un: "sé que te ries de mi padre, imbécil".
Casi más gélida que el ambiente de este salón.
Hacía mucho que no estaba tanto rato en un sitio tan frio, y eso que he venido a la nieve y se supone que la temperatura aqui no sube mucho... No me salva ni mi adorable jersey de punto; tengo las manos a puntito de cambiar a morado.
La chica de enfrente no se qué mosca le habrá picado, pero lleva más de una hora sonriendole a la pantalla de su ordenador de esa manera tan estúpida y a la vez mona que solemos poner en casa. Pero estamos en un sitio público, joder, un poco de respeto y de pudor, que no todos tenemos tanta suerte. Por ejemplo, ese árbol de navidad que está en la esquina. Es un abeto, rodeado de nieve, pero que sólo la ve a través de un cristal. El pobre, por no tener, no tiene ni luces que se encienden y se apagan... eso si, no le falta el espumillón hortera y las ramas descolocadas, paupérrimas en hojas, que todo árbol de mierda debe tener. Lo único de lo que debe de estar orgulloso son las bolas de navidad. Son blancas lisas, sin dibujitos. Hacía mucho que no veía bolas de navidad que me gustasen (aparte de las de mi casa, obviamente). Me parece que hora y media aquí me vale de sobra, las cosas bonitas de una estación de ski se ven en las pistas, quizá en el pasillo de unos apartamentos; aquí lo único que voy a encontrar son gordos piojosos, quizá alguna niña con la que fantasear, o sonrisas estúpidas dedicadas a un ordenador, en vez de a personas.


domingo, 25 de diciembre de 2011

Un instante sobre el mapa.

La vi pasar haciendo equilibrios sobre dos agujas puntiagudas de 9 cm que hacían a esas piernas tan largas pedir a gritos que treparas por ellas porque de pequeñas les habían contando un cuento sobre un niño que plantaba unas habas, y trepando,  conseguía llegar al cielo. Y permitidme decir que el cielo, si es que existe, estaba sin duda al final de esas piernas.
Inconscientemente mis ojos se pegaron a  su culo. Ella, me los arrancó de golpe cuando se giró y me habló, y me clavó los suyos, húmedos.
Podía haberse dirigido a cualquier otro, había gente más a mano,  pero qué se yo, al fin y al cabo, eran sus manos.
Quizá lo hizo porque le parecí la mejor opción para resolver su duda sobre no se qué de un andén de metro y como encontrar un hotel. Quizá lo hizo porque le parecí la mejor opción para resolver su noche, ya que era uno de esos hoteles en que te ponen la cama y así te la apañes.
La  desnude en mi cabeza mientras ella seguía hablando de que coger un taxi iba a ser lo mejor, pero  que nunca se sabe. Imagine como se serían y donde estarían las perfectas imperfecciones de su piel, y  esos labios carmín cuando  se callaban de una puta vez y pasaban a la acción. Pensé en ese pelo, suelto sobre la cama, liberado de ese recogido sacado de un anuncio de TV de otra colonia francesa de esas que te ponen el mundo a los pies, o eso dicen. Ella comento algo de dar un rodeo, que se tarda más pero es más seguro porque a esas horas quien sabe quién habrá por ahí. Yo en cambio pensé, en ser yo quien la rodera con mis brazos y no la soltara nunca, o por lo menos no hasta mañana. Terminó su retahíla de gilipolleces, se quedo mirándome inquisitiva, esperando una respuesta y sonrió juguetona cuando sus ojos se dieron cuenta de que los míos examinaban ahora sus pies, más allá de sus sandalias. Creo que pensó que la miraba las tetas, en cualquier caso, supo que la miraba, y eso es lo que cuenta
Lo siento, no soy de aquí. Contesté intentando mantener mi voz lo más firme posible. Y es que los hombres solo podemos tener una cosa firme al mismo tiempo, y esta vez la voz tenía todas las de perder.
Aquella noche, lo hicimos en la alfombra.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

No me hables de guerra sino sabes lo que es.

No entiendo la guerra cuando dos países se enfrentan y acaban con millones de vidas por unos litros de esa mierda negra que parece que vale tanto. No entiendo la guerra cuando los niños tienen que disparar a sus padres, para salvar su propia vida.Y joder, no la entiendo cuando veo en los telediarios miles de personas con miembros amputados apartados de sus hogares, de su tierra.  

Pero cuando mis dedos no desean nada mas que tu calor, tu humedad. Y mi lengua sueña con la tuya, y mis labios con abrazar tus labios, todos tus labios. En ese instante en que casi toda mi sangre se junta, para formar una flecha que te apunte a ti, solo a ti, y en el cerebro me queda la justa para recordar que es ahora o nunca. Cuando te veo, y te miro de Esa forma, y me doy cuenta de que no estamos solos, de que él está allí y también te mira de ese modo, de que tu estás a punto de decidirte entre uno de los dos para que sea el dueño de la noche, de tu noche.  
Entonces si entiendo la guerra, y esta vez, no pienso perderla.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Slash en un Zippo. Freddie en una cama. Un canuto de notas que te manda a un universo lateral lleno de orgasmos musicales.Silbidos que te hacen recordar que esta vida puede ser tu tumba, tu panteón, tu pedestal e incluso tu pista de lanzamiento hacia otro pentagrama.




Tirado en el suelo de su habitación podrás dar el salto más alto que nunca ha dado. Nadie.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Puedo llegar a ser asqueroso. No me dejéis.

Esa horrible manía que tenemos de estar limpios me acabará llevando al suicidio. Limpios por fuera e intentamos incluso estar limpios por dentro, cosa que se me hace rara teniendo en cuenta que por dentro soy todo vísceras y cosas asquerosas...
Nos resulta asqueroso oler a sudor, comida o algún otro olor cotidiano, que cuando se nos pega al cuerpo decimos "malo". Si no te duchas una vez al día te encontrarás unas criticas incluso más destructivas que tu olor. Cuando acabamos de defecar, nos tenemos que limpiar. Joder, ¿estamos tontos? en serio, ¿nadie ha hecho una plataforma en contra de eso? si me dices lavarme las manos puedo entenderlo por lo higienico, por respeto a los demás... porque no cuesta nada. Pero hay días que limpiar nuestros bajos fondos cuesta más que adecentar una escombrera. ¿En serio a alguien le va a interesar cómo ando por ahí abajo? Si alguien tiene complejo de perro y tiene pensado saludarme de manera alternativa, se llevará una sorpresa, lo admito, pero estará acorde con la que me llevaré yo y los que estan a mi alrededor.
No puedo negar tampoco que soy el primero en sentirme incomodo cuando noto cualquier pequeño fallo en mi aspecto, pero si todos lo hiciesemos igual, prometo que sería el más amigo de los cerdos, todo es cosa del "qué dirán", de la "autoconfianza" y bla bla bla, pero una vez pensado... me cago en todo eso, y sin limpiarme, que es más cómodo. Si alguien contase el tiempo que perdemos en todo eso... no me daría la razón porque no le dejaría acercarse a mi con ese pestazo, pero lo intentaría.

Preguntas


El ilustre filósofo llevaba toda la tarde del domingo absorto en sus pensamientos. Cuando su esposa le preguntó que qué le ocurría, él contesto que tenía una pregunta dandole vueltas a la cabeza.                                                                                                                                                                   
--¿De qué se trata? Pregunto ella.   
-¿Qué es el amor?                                                                                               
-A veces las respuestas están mas cerca de lo que uno cree cariño. Le contesto su mujer sonriendo mientras se desabrochaba el botón de su pantalón vaquero.

Cosmos

El honorable catedratico de la Universidad de ciencias llegó a las coordenadas deseadas y con un giro de muñeca posicionó la llave de su automovil de forma que detuvo la combustión del motor.
Bajó del coche, caminó hasta su portal, y subió los 42 peldaños de 31 centimetros que le separaban de la cota que, todas las tardes lectivas, alcanzaba, más o menos, a esa hora.
Llegó a la habitación justo en el momento en que, a causa de la inclinación terrestre, los rayos del Sol habían dejado de incidir sobre esa zona del planeta. Cuando entró, ella ya le esperaba tumbada en la cama y él con una simple resta redujo el número de sus ropas a 0. Colocó el telescopio en la dirección adecuada, la miró a ella y vio que, efectivamente, el Universo estaba en continua expansión.
Después praticaron formulación, colocaron sus cuerpos en el ángulo adecuado, y alcanzaron el equlibrio térmico mientras unos cuantos millones de feromonas les hicieron sentir el amor.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

De principes y princesas

Hace un tiempo, demasiado para recordar las palabras exactas, demasiado poco para haberme olvidado de ello, me contaron una historia. Era sobre un príncipe. Me la contó un rey.
No recuerdo donde vivía, quizá en un reino encantado, quizá en un paraíso, en un ghetto o en el Upper East Side de Manhattan. No es importante para poder explicar que estaba enamorado. Su princesa era la más bella que había existido en toda la eternidad, y que existirá. Su princesa era la mente más ingeniosa y perfecta que una madre había podido traer al mundo en toda la eternidad, y que podrá. Su princesa era un puta. No ejercía la profesión, es más, sólo el principe lo pensaba, para el resto del mundo era la perfección encarnado en un pequeño cuerpo que servía de Diana para todas las virtudes, pero era una puta.
 La princesa no amaba al principe, no lo amaría. No lo quería, no lo querría. No le haría más feliz de lo que puede durar una sonrisa seguida de un puñetazo en el orgullo, o en la boca del estómago, que es lo mismo.

Al príncipe le habían enseñado que sólo se muere una vez, pero él ya iba por la vigesimo cuarta. Cuanto más pasaba el tiempo, con más facilidad moría. Un brillo de ojos, un esbozo de sonrisa, un retazo suelto del perfecto aroma que desprendía aquel perfecto pelo, acababan con su corazón su respiración y sus pulmones.

Al principe también le habían enseñado que todas las historias de príncipes y princesas acaban bien. Siempre soñaba con que estaba muriendo por última vez, un día cualquiera, quizá un 24 de Marzo, y su princesa se daba cuenta de su amor, lo salvaba, lo rescataba de sus lágrimas y a partir de ese momento las convertía en sonrisas.

Lo que al príncipe aún no le habían enseñado es que se debe aprender de los errores. Y que no todo lo que te enseñan es cierto, ni lo que no aprendes se debe olvidar. Por primera vez, un 24 de Marzo, se suicidó en vez de dejarse morir. Y por última vez, sintió el amor. O el dolor.

Murió solo, un 30 de Octubre, mientras aprendía que muerto no podía sentir el amor de su princesa.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Terríblemente bello

La llamada rompió el silencio en medio de la noche y la voz que tembló al transmitir su mensaje desde el otro lado de la linea rompió todo lo demás.
Rompió los sueños, las ilusiones y todos los instantes bonitos que probablemente hubieran pasado juntos si aquel choque frontal no se hubiera producido. Un choque por un motivo, o por otro que mas da, la cuestión es que él ya no estaba, y que ella, estaba sola.
Despues de aquello solo le apetecía dormir, asi que se tomó dos botes de somnifero, mientras pensaba en Melibea saltando desde la torre del palacio, y en Julieta, apuñalando su corazón sobre el inerte cuerpo de su amado. Y se durmió, se durmió tanto tiempo que se perdió el novio de la facultad, y la noche de graduación, cuando conocería a aquel negrito, tan simpático, que le hubiera echado el mejor polvo de su vida, Se perdió conocer al que sería  su marido, y el parto de su primer y de su segundo hijo, y el de la tercera, su pequeña. Y se perdió cuando le publicaron el libro que nunca escribió, y aquellas maravillosas vacaciones en un pequeño pueblecito de Portugal, y a sus nietos.. Se perdió todo eso consciente de que se lo perdía, lo sabía mientras tragaba, una a una, aquellas pastillas que la dormirian para siempre, y aún así lo hizo, lo hizo por amor.
Para mi, es casi la muerte mas bonita del mundo, es estúpida, es una locura, es muy triste que una chica tan joven se quiete la vida por la muerte de su adolescente compañero. Sin embargo, y llamenme loco si quieren, es terríblemente bello.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Too much for me

Desperté y supe que todo había sido un sueño, que en realidad no había pasado la noche con ella, que ni siquiera la conocía. Sin embargo, había parecido tan real,que no pararía hasta conseguir que aquel sueño se hiciese realidad, hasta que pudiese sentir el calor y la pasión que las sabanas de mis fantasias habían presenciado esa noche. Y quería sentir de nuevo su calor, su humedad, sus manos bajando por mi pecho hasta desenterrar toda mi furia, y las mias, subiendo por sus piernas hasta el infinito.

Lo que no supe al despertar es que ella hacía tiempo que estaba en mi cocina, con mi camisa mal abrochada y sus braguitas, y que mientras yo trazaba un plan para conocerla, enamorarla y dejarla ocupar por una o dos noche el lado izquierdo de mi cama, ella preparaba café para dos, como a mi gustaba. Para mas tarde llevarlo al dormitorio, y dejar que el primer rayo de sol nos acompañase en el último acto de  la obra que aquella noche habiamos representado. Que te jodan Shakespeare, pero no llegaste a tanto.

The dreams can happen, if you learn to see the reality.

jueves, 20 de octubre de 2011

Waitting


Hoy uno de esos dias en que todo es una puta mierda y tienes los ojos cuadrados de mirar la pantalla del ordenador esperando a que Ella se conecte. Si lo hiciese, reunirías todas tus fuerzas para un "hola, ¿qué tal?", para que Ella te contestase,"bin y tu?" y así, acostarte contento, porque habrías conseguido hablarle, y desplazar tu mano hacía abajo hasta que se perdiese en las profundidades de la colcha mientras tu sueñas despierto. Pero hoy ni siquiera eso ocurrirá.
Sales a la calle con la esperanza de encontrarte con Ella, solo por verla, vas dando vueltas, y aunque tu cabeza sabe que lo estas haciendo es una estupidez, tu corazón dice que continúes. Finalmente tus huevos rompen el empate y sigues caminando. Te cruzas con la gente y todos van en grupos, ríen, se lo pasan bien, ¿a caso eres el único enamorado en todo el mundo?. Incluso te cruzas con parejas que besan, es demasiado, la vida se ríe de ti.
 Pasas por delante de una residencia donde ves al "Viejo de la ventana", siempre con la cara pegada al cristal. Las auxiliares del geriátrico dicen que él esta muy interesado por la climatología, no saben nada. El viejo está ahí esperando a esa señora que pasa todos los días laborales por delante del  ventanal cuando va a trabajar. Soñando con que algún día a ella le de por girar la cabeza y mirarle fijamente durante unos instantes, incluso sonreír, y después continuar andando. Entonces, el viejo, dibujará por un instante una sonrisa en su cara y después morirá. Al día siguiente,cuando la cincuentona vaya a trabajar habrá una mirada menos en su culo(y basta de protocolos, a todos nos gusta que nos miren el culo).
Y tu, derrotado, vuelves a tu casa y sigues esperando-igual que el viejo esperara-a que Ella un día se decida, y te deje amarla, o tal vez antes de eso se te quite del estomago esa increíble y placentera sensación que te está jodiendo la vida. Hasta entonces enciendes un cigarro, te lo cuelgas de los labios y esperas a  que se consuma.

sábado, 15 de octubre de 2011

The River

We'd go down to the river
and into the river we'd dive.
Oh down the river we'd ride...

Como fluye una mirada hasta un brillo de ojos. Y un brillo de ojos hasta una sonrisa. Y una sonrisa en un roce, un sonrojo o un apartar la mirada. Y después una cena, o una cama, o una iglesia o una playa, y una boda y partidas de cartas en el porche de una casa sentados en mecedoras recordando tiempos jóvenes.

Como fluye una mirada hasta un pestañeo. Y un pestañeo hasta una mueca de desprecio. Y una mueca de desprecio en escupir al suelo, o a la cara. Y después una patada, o una paliza, o una cara de terror, o una pelea de bandas, o de países por ver quién manda o quién es superior o cuál es el color y al final dolor.

Como fluye la vida y la no vida. El incienso que se acaba, consumido por su llama. Un vinilo que girando se desprende de la aguja que desgarra, que desgarra el sonido de sus curvas y su alma. Una lata de cerveza que se aplasta, y su sangre amarilla deja mancha en una acera de un barrio donde nunca pasa nada.

Y no sigue, pero todo rio llega al mar. Y de alli a su montaña, pero durante el camino   vive.

Down to the river
my baby and I.
Oh down to the river we ride